En una muestra de solidaridad global que haría sonrojar a un folleto de la ONU, más de 2.000 trabajadores de rescate de 27 países han descendido sobre Venezuela para excavar entre los escombros tras los dos terremotos del miércoles. Las Naciones Unidas, siempre el vecino servicial, coordinan el esfuerzo.

El número de muertos, que sigue subiendo como un testarudo indicador bursátil, ahora supera los 1.400. Mientras tanto, una evaluación preliminar estima los daños físicos directos en la módica cifra de 6.700 millones de dólares, porque nada dice 'desastre' como una etiqueta de precio con nueve ceros.

A petición del gobierno venezolano, 44 equipos internacionales de búsqueda y rescate urbano (USAR) han desplegado a 2.245 especialistas y 140 perros de búsqueda para localizar supervivientes y proporcionar atención médica inicial, según un informe del sábado de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). La OCHA ha activado sus mecanismos de respuesta de emergencia, que en lenguaje burocrático significa 'estamos en ello'.